domingo, 30 de marzo de 2014

El asociacionismo como contrapeso







El Ciudadano ante el poder desconocido
La asociación como contrapeso

“Quiero imaginar bajo qué rasgos nuevos podría producirse el despotismo en el mundo:
veo una muchedumbre innumerable de hombres semejantes e iguales que giran sin
            descanso sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres,
 con los que llenan su alma (…) Por encima de ellos se alza un poder inmenso...”
 Alexis de Tocqueville[1].


La cita elegida refleja perfectamente la necesidad que la persona del siglo XXI, en el mundo democrático, tiene de reubicarse. Entender qué lugar ocupa en la sociedad y si ese papel es el que realmente quiere o está obligada a representar.
Tocqueville (1805-1859) analiza y da respuestas a situaciones que el ciudadano contemporáneo percibe como nuevas incluso transgresoras. Los movimientos asociativos que columnistas opinadores adjudican a la ebullición social en las redes, responden a máximas expuestas ya en 1840 “Creo que los simples ciudadanos, al asociarse pueden convertirse en personas muy ricas, muy influyentes, en seres muy fuertes (…) Una asociación política, industrial, comercial o incluso científica y literaria es un ciudadano ilustrado y poderoso que no se puede doblegar a capricho (…) defendiendo sus derechos particulares contra las demandas del poder, salva las libertades comunes”[2].
La democracia representativa en España se caracteriza por una Ley electoral diseñada para crear mayorías estables. Cuando la mayoría absoluta se entiende legitimada por el resultado de las urnas para no tener en cuenta más que lo que su interés determina, pone en peligro a la institución democrática acercándose al despotismo democrático, término paradójico, pero, posiblemente actual.
El asociacionismo es la fórmula que debe dotar al individuo de la capacidad de resistencia activa ante el Estado cuando entienda que desde éste no se defiende el interés general.
A finales del siglo XVIII la sociedad lucha por acabar con el absolutismo. En la Segunda Guerra Mundial, la sociedad lucha por acabar con el fascismo y dotarse de una Declaración Universal de Derechos Humanos. En el siglo XXI quién es el enemigo.

Planteo la situación que diferencia, una realidad traumática en la que se lucha por unos derechos que hasta el momento no existen, en la que se lucha por acabar con un régimen que aniquila mediante el poder violento al que considera desigual, de la que bajo unas características de normalidad arroja al ciudadano fuera del sistema establecido. En la que no ve de forma cierta lo que le rodea, ni siquiera es capaz de explicar lo que le ha ocurrido, mejor por qué le ha ocurrido. Mientras desde fuera, desde el sistema, se hacen loas a la tranquilidad y la esperanza. El individuo está desacostumbrado a reconocerse como igual en el que le acompaña en la oscuridad, incapaz de subirse a hombros del otro para salir y ayudar a salir para enfrentarse, ¿a quién?.

Las reglas del juego democrático han cambiado sin que el sujeto soberano se haya enterado. Los enemigos no existen, son ceros y unos que agrupados de diferente forma hacen que haya gente que gane y gente que pierda. Los que ganan tratan de seguir ganando y manejan sus herramientas para que eso suceda. El Estado, las instituciones supranacionales acaparadoras de soberanía de forma indirecta, están demostrando no ser lo suficientemente fuertes como para contrarrestar el interés particular en defensa del interés general. El individuo no dispone de los conocimientos ni el hábito de tender lazos suficientemente fuertes con el que hasta ayer era su competidor. Movimientos asociativos que de forma puntual pueden parecer importantes carecen de cimientos lo suficientemente fuertes como para que puedan crecer manteniéndose en el tiempo para alcanzar sus fines.




[1] De Tocqueville, A.  De la Démocratie en Amérique, II. En Oeuvres complètes, Gallimard, Paris, 1951-2003, pp. 105-106. Citado en Osorio, A. El papel político de la asociación. Thémata. Revista de Filosofía. Nº 44. 2011. Pág. 407-408.
[2] De Tocqueville, A. “La democracia en América”, edición y traducción de Eduardo Nolla, 2 vols., (Madrid: Aguilar, 1990). Citado en Schleifer, J. Un modelo de democracia: lo que Tocqueville aprendió en América. Alexis de Tocqueville. Libertad, igualdad, despotismo. Instituto Cánovas del Castillo (FAES). Madrid. 2007.

martes, 25 de marzo de 2014

El periodismo ciudadano



Los medios de comunicación de masas como altavoz de la ciudadanía
El cuarto poder como contrapeso al poder político



"Quienes nos situamos delante de un micrófono estamos equivocados
 si creemos que somos la primera voz. Por eso digo que soy la segunda voz.
(...) La primera voz es la vida. Y para mí saber que soy la segunda voz
me ofrece una explicación de cómo me coloco yo en la radio cada mañana".
Iñaki Gabilondo Ciudadano en Gran vía.
Carmelo Martín. El País Aguilar. Madrid 1998.


La herramienta bidireccional que son los medios de comunicación de masas, en cuanto a canal que transmite los mensajes, tanto desde el poder político a la ciudadanía, para influenciar en ésta y hacer calar sus ideas con la vista puesta en la meta final de unas elecciones electorales. Todo el tiempo entre comicios y comicios es un intento de marcar las agendas políticas para desembocar en unas elecciones que le aúpen al poder, o mantener éste si ya se tenía. Unas veces de una forma honesta y otras de forma manipuladora, tanto por parte del poder político como del poder mediático; unas veces en connivencia y otras veces de forma autónoma pero con la perspectiva de un beneficio personal o del grupo; unas veces con sentencia judicial en contra y otras, las más, sin ningún tipo de medida por parte del Estado de Derecho encaminada a erradicar dichas prácticas negativas. Como  desde la ciudadanía hacía el poder político para hacerle conocedor de su sentir. Los ciudadanos disponen de los medios de comunicación como vehículo para que éstos representen, con el significado de amplificador de ideas, las inquietudes que la ciudadanía en momentos puntuales fuera de cualquier período preelectoral pueda tener.

Cuanto mayor sea la movilización ciudadana en pos de la defensa de esa idea, mayor repercusión tendrá en los medios de comunicación de masas, actuando éstos como correa de transmisión, que hace mover el mecanismo político que deberá actuar en los términos demandados por la ciudadanía si no quiere perder el apoyo que respalda su posición de poder, teniendo en cuenta o directamente modificando los puntos de desencuentro.Todo el proceso de comunicación, ciudadanía, medio de comunicación amplificador de opinión ciudadana, y gobierno como receptor del mensaje que le hace cambiar respecto a las peticiones hechas, supone un componente de positividad del concurso democracia mediática contrapuesto al sentido negativo de la manipulación en sentido inverso en la dirección de la comunicación. En todo caso si esos mecanismos no funcionan la ciudadanía gracias al avance tecnológico, tiene acceso en tanto "nuevos productores de contenidos" a informaciones (conocimientos) que le hacen conocedora de otra situación diferente a la que ellos perciben y ésta provoca que reaccione solicitando por parte de los gobernantes un cambio en las prácticas con las cuales no está de acuerdo. El ciudadano ejerce su libertad individual, dentro de un régimen democrático débil para exponerse a los medios que cree van a representar una realidad más verdadera y así crearse opinión sobre la situación que vive o interactuar en las redes sociales generando una nueva corporación social mediática. Del crecimiento de esa conciencia de crearse opinión, va a depender que sus reivindicaciones tengan repercusión de forma  más rápida o más lenta. Unas veces lo conseguirá, otras, esa rapidez o lentitud se medirá en término de décadas.


sábado, 22 de marzo de 2014

De reyes que mataron a príncipes








“Y hasta hay quienes afirman que un Príncipe hábil
debe fomentar con astucia ciertas resistencias
para que, al aplastarlas, se acreciente su gloria”[1].
Capítulo XX
Si las fortalezas, y muchas otras cosas
 que los Príncipes hacen con frecuencia
 son útiles o no.
El Príncipe
Nicolás Maquiavelo

La historia, los trabajos de historia, se mueven en un terreno ,a veces, escasamente científico. Salvo pruebas periciales contrastadas; Pruebas de lo que ocurrió, a lo largo del tiempo, pueden llegar a desaparecer, disparos en el techo del congreso[2]. El relato del suceso histórico se asemeja a un recorrido entre árboles donde la niebla unas veces se hace más espesa y otras deja ver aquello que parece un claro pero que al acercarnos resulta ser un estanque. La lectura de material histórico nos hace conocer el punto de vista de su autor, nada más. Tampoco existe otra manera. No hemos podido estar presencialmente en aquel campo de tiro del archipiélago canario para haber podido comprobar de primera mano si lo que allí sucedió fue un accidente o un homicidio[3].
Hacernos una idea aproximada de lo que pudo ocurrir en cualquier momento histórico que nos interese comenzará por, en primer lugar conocer autores que hayan escrito sobre el asunto. Conocer además dónde están esos autores, dónde se sientan ideológicamente, porque sin duda el hecho que describen podrá parecer una cosa o la contraria. Habrá que leer más de dos para hacernos al fin nuestra propia idea de lo que creemos que pudo ocurrir.

Dando un paso más, incluso los propios autores contarán la mayoría de las veces, lo que les contaron, obviamos los documentos escritos donde los propios protagonistas en cartas, diarios, artículos, pudieron reflejar lo ocurrido, o sus impresiones de lo ocurrido en el momento a estudio; o documentos desclasificados por los gobiernos. Y cómo saber si lo dicho en una habitación donde dos personas despachan, se acerca más a que uno le dijo al otro me voy o en cambio la interpelación fue, tú te vas.
Los sucesos de la vida resuelven en catástrofe o éxito por detalles, pinceladas que de ocurrir un momento antes o después darán como resultado algo inesperado. Solo las elucubraciones serán capaces de ver qué hubiese ocurrido si ese detalle hubiese sido contrariado en el momento oportuno.

En lo histórico como en la mayoría de los campos del conocimiento tan importante es conocer las respuestas como tener la capacidad de plantear preguntas que ayudarán a, si no en el instante preciso, si con el tiempo, dar significado a porqué pudieron ocurrir ciertos hechos y que condicionantes hicieron desembocar en el resultado de los hechos a estudio. Puede que las conclusiones lleven a pequeños detalles o simples coincidencias. Eso no contradice que para que ese detalle haga explotar por los aires a un transbordador espacial no haya habido con anterioridad años de preparación, estudio y dedicación presupuestaria que conduzca a todos los protagonistas al momento crucial.



De cuando te adelantan la muerte.





[1] www.elaleph.com.  www.educ.ar.
[2] Disponible en http://www.elmundo.es/elmundo/2013/09/12/espana/1378985609.html
[3] Ángel Viñas. La Conspiración del General Franco. Edit. Crítica. Pág. 71.